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¿Llevamos a nuestro hijo al psicólogo?

Sabemos que muchas veces esta es una pregunta complicada, como profesionales de la psicología infanto-juvenil, vamos a intentar ayudaros a contestarla.

familia 375Empezaremos por las causas que hacen decidirse a una familia a consultarnos, y es difícil enumerarlas, ya que hay tantas dificultades que nos pueden preocupar de nuestros hijose hijas como familias diferentes. Es una experiencia subjetiva, por ello el mejor indicador para acudir a un profesional es que la preocupación por ese aspecto de nuestro hijo/a nos esté suponiendo un bloqueo en el día a día de la familia.

Con ello podemos referirnos a situaciones como:

  • Tensiones frecuentes en la relación con nuestros hijos o entre ellos. Falta de momentos positivos. Por ejemplo; le notamos diferente con nosotros, estamos todo el día regañándole y eso ha estropeado la relación.
  • Desacuerdos en las pautas educativas en la pareja de adultos, que conviven o no. Discusiones, diferentes visiones que hacen difícil la toma de decisiones de cualquier norma o límite.
  • Excesiva tensión o conflicto alrededor de las rutinas diarias: deberes, comidas, hora de acostarse, tareas de la casa, aseo… Por ejemplo, tememos que llegue la hora de la cena porque supone un conflicto; el padre o madre que le ayuda en los deberes está sobrepasado por la situación porque supone la tarde entera discutiendo.
  • Dificultades en la relación familia-Centro Educativo. Por ejemplo, mi hijo/a no supera algunas asignaturas y tengo la sensación que desde el Colegio no me dan una solución.
  • Conflictos del niño/adolescente en el Centro Educativo, en sus relaciones sociales. Por ejemplo, cada día viene a casa enfadado por conflictos con los compañeros, no sé si tiene amigos, no le invitan a ningún cumpleaños.

En el caso de preadolescentes o adolescentes con frecuencia tienen reticencias a acudir a un adulto que pueden relacionar con un profesional sanitario o con un profesor y temen que les vaya a juzgar o regañar. A veces simplemente piensan que no van a saber cómo comportarse. En estos casos recomendamos que acudan los padres solos a la primera sesión para que se les asesore sobre cómo facilitar al chico o chica esa decisión.

En estas edades puede influir ya, la idea o mito que sólo las personas con un trastorno mental acuden a los profesionales de la psicología. Sin embargo, en nuestra práctica clínica es pequeño el porcentaje de casos que atendemos que sean niños o adolescentes con un trastorno mental grave, diagnosticado o derivado por otros profesionales de los servicios de Salud Mental o que tras nuestra evaluación les aconsejemos complementar nuestro tratamiento con psiquiatras, neurólogos, etc.

Por el contrario, un alto porcentaje de las familias que nos consultan, lo hacen por una preocupación o sensación de que sus pautas educativas o herramientas afectivas no son suficientes para superar las dificultades que están teniendo. Por ejemplo, sigue haciéndose pis por las noches, los padres han intentado regañarle, premiarle, hablarlo con él/ella, pero no se corrige, dudan si están haciendo lo adecuado.

De esta manera queremos transmitiros también la  labor de prevención de trastornos más graves que significa consultar a un psicólogo ante los primeros indicios. Cuanto más temprano se interviene en una dificultad de comportamiento, desarrollo, emocional…en la infancia, el pronóstico es más favorable y los tratamientos son mucho más cortos. Por ejemplo, siguiendo con el caso anterior de control de esfínteres, la intervención temprana hace que el niño aprenda más rápido como controlar y evita que esta situación afecte a su autoestima o relaciones sociales al ir creciendo.

Claves para elegir el profesional adecuado 

Una vez tomada la decisión de acudir a un profesional de la psicología, la siguientes duda es: ¿dónde?. Os dejamos algunas claves que por nuestra experiencia son importantes:

  • Que sea titulado en Psicología con la especialidad de Psicología Clínica Infanto-Juvenil.
  • Que la evaluación y tratamiento tenga una metodología adaptada a infancia/adolescencia (a través del juego, dibujo, cuentos)
  • Que muestre cercanía y conecte con hijos y padres. Según algunos estudios el 70% de la efectividad de un tratamiento psicológico depende de la relación terapéutica positiva que se establece con el/la profesional.
  • Que el tratamiento se dirija hacia unos objetivos concretos y una vez conseguidos finalice la intervención, teniendo todas las partes claros esos objetivos. Especialmente con los niños es necesario tener presente que lo más adecuado es la mínima intervención, ya que ellos no acuden por iniciativa propia, como sucede en el caso de los adultos.
  • Que, tanto en la evaluación como el tratamiento se tenga en cuenta el contexto de niños y adolescentes: familia (en prácticamente todos los casos), Centro Educativo (en los que se ve necesario y la familia da su consentimiento) y otros profesionales de la salud, educación, ocio (en los casos que se vea necesario).

Por tanto, ante una conducta de nuestros hijos que, por intensidad, frecuencia o duración nos preocupa o vemos que interfiere en el bienestar psicológico de la familia, recomendamos contactar con un profesional de la psicología que nos dé una primera entrevista (que en la mayoría de centros privados tiene un precio reducido para facilitar este primer paso) y contar nuestra preocupación. El profesional nos asesorará sobre la conveniencia de iniciar evaluación o no y las características del proceso.

Colaborador-Autor: Marta Peralta Muñoz
Psicóloga Infanto-Juvenil. Nº Col.: M-22.479
AFIP Alcalá. Espacio de Psicología
www.afipalcala.com

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